El masaje oriental está de moda. De hecho, lleva unos cuantos años en auge. Tailandés, ayurvédico, shiatsu, Tui-na, lomi-lomi, … Sea cual sea el tipo de masaje oriental, todos buscan devolver el bienestar y aportar relajación, objetivo que comparten con el masaje occidental.
El masaje es tan antiguo como el ser humano y han quedado registros escritos de su uso como herramienta terapéutica desde hace miles de años. Antiguas tumbas egipcias del 2500 a.C. presentan dibujos que evidencian el uso del masaje. Más antiguo aún, del 2700 a.C., es «El Libro Clásico de Medicina Interna del Emperador Amarillo» en el que el masaje forma parte de la práctica médica. Asimismo, encontramos textos de la antigua Grecia que explican los beneficios del masaje aplicado a los atletas e Hipócrates, el padre de la medicina moderna, incluía los frotamientos y las fricciones como métodos curativos.
En Europa, tras la caída del Imperio Romano y el transcurso de los siglos del medievo, se recuperó el interés por el masaje como terapia a partir del siglo XVIII.
La terapia de masaje nos ha acompañado desde siempre con la misma finalidad, aunque, según las culturas, varía su planteamiento y las maneras de aplicarlo.
Índice
El masaje oriental
Los masajes están integrados en las medicinas orientales. La Medicina Tradicional China; la medicina Ayurvédica; kanpō, la medicina tradicional japonesa o la kayapahpbambat, la medicina tradicional tailandesa incluyen la práctica del masaje como parte de sus protocolos.
Por ello, el masaje oriental se rige por los mismos principios que el resto de recursos terapéuticos de las medicinas orientales:
- Prevención como hábito. Evitar enfermar para no tener que curar. El masaje es una herramienta más para mantenerse sano y, en caso de aparecer algunas molestias, evitar que se agraven.
- La persona como un todo. Cuerpo, mente y emociones deben ser tenidas en cuenta siempre y tratar el organismo de forma íntegra. Solo así podrá restablecerse el equilibrio.
- Desbloqueo. El organismo es recorrido por el flujo de energía vital que conecta todas sus partes. Cuando se produce un bloqueo en algún punto, hay que restaurar el equilibrio.
El flujo de energía está constituido por energías opuestas que deben circular manteniendo la proporción correcta. El desequilibrio entre ellas da lugar a las patologías. El masaje busca la activación de determinados puntos situados a lo largo de los meridianos del cuerpo. Mediante la digitopuntura, las movilizaciones, las tracciones y los estiramientos se desbloquea el curso de las energías y se restablece un correcto equilibrio dinámico.
El masaje occidental
Pehr Henrik Ling es el nombre del gimnasta médico y profesor sueco que, en el siglo XIX, creó el Sistema de Movimiento Sueco, un compendio de movimientos activos, pasivos y de resistencia, entre los que se incluyen las maniobras de masaje. Tras él, el holandés Johan Georg Mezger especificó las manipulaciones básicas que constituyen el denominado masaje sueco.
Tras ellos, muchos han sido los nombres en la trayectoria del masaje en Occidente, tanto en Europa como en Estados Unidos donde se originan la osteopatía y la quiropraxia, hasta la actualidad, cuando se reconocen diferentes técnicas y tipos de masaje. En todas ellas, el enfoque se centra en el cuerpo y en los conceptos de la anatomía, la fisiología y la patología.
En función de la finalidad del masaje, se aplica un tipo u otro y se trabaja en un área concreta o en todo el cuerpo. Al igual que en el masaje oriental, el masaje occidental se utiliza cada vez más como herramienta preventiva, para sentirse bien y continuar estándolo.
Si bien la cultura del masaje en Occidente aún no está tan integrada en el autocuidado como sí lo está en Oriente, su práctica aumenta cada día, sin que haga falta padecer una patología relacionada con el sistema musculoesquelético para acudir al terapeuta.
Distintas ópticas para una misma visión
Independientemente de los principios en los que se basan los masajes occidentales y orientales, la interacción entre culturas y el conocimiento cada vez más extendido de los diversos tipos de terapias, ha integrado ambos conceptos.
La evidencia científica del papel de la mente y las emociones en la respuesta del cuerpo hace imprescindible contemplar a la persona como un organismo integrado por la parte física, psíquica y emocional.
El estado anímico depende en gran parte del bienestar físico y, a su vez, el cuerpo somatiza las emociones. El estrés, la tristeza o la ansiedad generan la producción de determinadas hormonas que tienen efecto en nuestro organismo, al igual que ocurre con las emociones positivas.
Si bien es cierto que la medicina occidental, al contrario que la de Oriente, se centra más en la curación de la dolencia que en la prevención de la misma, los quiromasajistas y, por extensión, los terapeutas sí miran más allá de la parte física y tienen en cuenta también los posibles factores emocionales que puedan ser la causa de la disfunción o de su agravamiento.
El terapeuta oriental sigue buscando restablecer el correcto fluir de la energía vital. El terapeuta occidental aplica sus conocimientos, basados en la anatomía y la fisiología del organismo, para lograr restablecer una óptima funcionalidad del sistema musculoesquelético, considerando para ello la posible causa orgánica (inflamación o disfunción de algún órgano y su repercusión en huesos, músculos o articulaciones), emocional (el estrés desencadena una importante tensión muscular) o meramente física (lesión, traumatismo o desgaste).
Puede ser distinta la concepción del masaje, la preferencia por unas prácticas u otras o la ambientación del espacio de trabajo, entre otros factores, pero, sin duda, el objetivo de ambos terapeutas es devolver el bienestar físico, mental y emocional a la persona que recibe el masaje.
El ámbito del quiromasaje y de todas las terapias manuales, no es un coto cerrado o excluyente. Lejos del dogmatismo, la pluralidad de conocimientos y las diferentes perspectivas amplían las técnicas, los modos, las herramientas y el talento para ofrecer la mejor experiencia a cada persona.
El que trabaja con sus manos es un trabajador manual; el que lo hace con sus manos y su cabeza es un artesano, pero el que trabaja con manos, cabeza y corazón es un artista.» Francisco de Asís (Religioso Italiano s.XIII)
