El masaje como herramienta preventiva

Hay muchas razones por las que acudir a un masajista. Es posible que pensemos en ello cuando nos duele la espalda al acabar la jornada, cuando nos sentimos “comprimidos” como si nos apretarán dos manos gigantescas, una desde la cabeza y la otra desde las plantas de los pies, o simplemente porque nos apetece dedicarnos un tiempo para sentirnos bien.

Las manos del masajista descontracturan, nos estiran, amasan los tejidos y nos relajan el cuerpo y la mente.

Según el tipo de masaje que hayamos recibido, al acabar la sesión nos podemos sentir más ligeros, ágiles, algo doloridos o desentumecidos, incluso nos podemos haber quedado dormidos. En todos los casos, estaremos más distendidos y calmados.

Estos efectos perduran unos días después del masaje. Cuando incorporamos a nuestros hábitos cotidianos una rutina de masaje logramos sentirnos mejor a nivel físico, con menos dolores musculares y articulares y más activos. Por consiguiente, a nivel mental nos sentimos también más cuidados y somos más conscientes de nosotros mismos.

Todo lo descrito en el párrafo anterior no pasa porque sí. El masaje es una poderosa herramienta para preservar la salud y prevenir muchas dolencias.

En varios países la práctica del masaje forma parte de los tratamientos terapéuticos. Cada vez más la medicina opta por una visión integradora que contempla a las personas en su totalidad y reconocen la capacidad autocurativa del organismo.

Son muchos los profesionales de la medicina alopática que aconsejan el quiromasaje y otras terapias manuales a sus pacientes como complemento de su praxis, suprimiendo o disminuyendo la toma de fármacos.

Cuando un pediatra nos aconseja masajear la barriguita del bebé para aliviar el cólico del lactante y el angiólogo recomienda presionar suavemente las piernas desde el tobillo hasta la cadera, están hablando de masaje abdominal y de drenaje linfático.

¿Qué nos ocurre cuando recibimos un masaje?

La manipulación manual que ejerce el masajista es una acción mecánica sobre los tejidos. Los exteroceptores (receptores cutáneos), los propioceptores (receptores musculares y articulares) y los interoceptores (receptores situados en las paredes de los vasos sanguíneos) captan los estímulos que por vías sensitivas llegan a distintas zonas del sistema nervioso central: en la médula espinal, en la corteza cerebral y en los hemisferios cerebrales. Todo este proceso desencadena cambios químicos y biológicos.

La piel

    • El masaje favorece la producción de la sustancia P, un neurotransmisor que causa vasodilatación y está asociado a la liberación de histamina. Este péptido está también relacionado con la capacidad de respuesta del sistema nervioso ante situaciones de estrés, disminuye la presión arterial y tiene una acción hipotensora en el sistema cardiovascular.
    • Mejora la elasticidad de la piel debido al aumento de la temperatura consecuencia de la vasodilatación y al alargamiento de las fibras del sistema tegumentario a causa de la manipulación manual
    • Las distintas maniobras facilitan la renovación de la capa más externa al eliminar las células y mejoran la permeabilidad

Sistema circulatorio

La liberación de la histamina y otras sustancias que viajan por la sangre y por la linfa causa una serie de cambios en órganos y sistemas:

    • aumento del flujo sanguíneo.
    • mejora de la oxigenación de los tejidos.
    • mayor aporte de nutrientes a las células.
    • incremento de la eliminación de los desechos celulares.
    • optimización de la circulación de la linfa.
    • aumento de la producción de glóbulos rojos y blancos.

Estos beneficios se ven incrementados por la mayor apertura de los capilares sanguíneos gracias a la acción mecánica del masaje.

Sistema músculo-esquelético

La acción sobre este sistema es la razón más común para demandar la práctica del masaje. Los beneficios del masaje para la musculatura son varios:

    • mejora el tono muscular y la capacidad de contracción consiguiendo también una mayor elasticidad.
    • disminuye la tensión muscular y el dolor.
    • mejora el metabolismo de los músculos. Se eliminan desechos y aumenta la absorción de oxígeno y nutrientes.
    • el masaje acelera la expulsión del ácido láctico tras un esfuerzo físico.
    • sobre las articulaciones, mejora el suministro sanguíneo y eleva la formación y la circulación del líquido sinovial. Los ligamentos adquieren más elasticidad.
    • favorece la absorción del calcio en los huesos.

Sistema nervioso

La técnica del masaje tiene efecto en el sistema nervioso central y en el sistema nervioso periférico. En función del tipo de masaje se obtendrán efectos calmantes o estimulantes, según las maniobras empleadas por el profesional. El masaje tiene efectos muy positivos sobre el sistema nervioso:

    • disminuye la percepción del dolor.
    • aumentan las sinapsis neuronales.
    • aumenta la producción de endorfinas, péptidos opioides endógenos, que estimulan las áreas cerebrales que generan las emociones placenteras.

Aparato digestivo

El masaje tiene efectos sobre la musculatura de la zona abdominal, así como sobre el plexo solar y el plexo hipogástrico -estructura nerviosa- y los sistemas circulatorio y linfático. Todo ello se traduce en importantes beneficios:

    • activa el flujo sanguíneo.
    • alivia los gases y el estreñimiento.
    • fortalece los músculos del tracto digestivo.
    • aumenta la oxigenación de los tejidos mejorando la función de los órganos internos.
    • relaja y disminuye la molesta sintomatología causada por el estrés y la ansiedad.
    • crea calor y ayuda a movilizar y eliminar el tejido adiposo.
    • ayuda al sistema linfático a eliminar toxinas.

Preservar la salud y cuidarnos a nosotros mismos pasa por adoptar unos hábitos de vida que promuevan un bienestar físico y psicológico.

El quiromasaje es una disciplina que ofrece muchos beneficios. Integrado en un enfoque multidisciplinar y holísitico que contempla al ser humano como un todo, ayuda a mantener la estabilidad del organismo y potencia su poder autocurativo.

Las terapias manuales y naturales son reconocidas cada vez más como herramientas terapéuticas basadas en conocimientos adquiridos y desarrollados desde los albores de la historia humana.

“Cualquiera que desee estudiar medicina debe dominar el arte del masaje” Hipócrates de Cos (460 a. C. – 370 a. C.)