Cuidados para el quiromasajista

Las manos son la principal herramienta de trabajo para el profesional del masaje.

Están en constante movimiento durante varias horas al día y, a través de ellas, el quiromasajista percibe las sensaciones y sutilezas de las distintas zonas corporales que trata, e identifica las irregularidades, anomalías y disfunciones de los tejidos. Su cuidado es fundamental, pero no es el único.

Sobre los cuidados del masajista

El estado físico y mental del masajista

Con las manos, el profesional establece una comunicación con la piel, los músculos y el resto de estructuras que conforman el organismo del usuario. Los receptores captan las intenciones de las diferentes maniobras manuales y ponen en marcha un mecanismo de respuesta, generando una cascada de reacciones sistémicas.

Todo ello sucede sin que la persona que recibe el masaje sea consciente de los cambios internos que están ocurriendo en su cuerpo y en su mente, aunque sí note los beneficios de todo ello: cuando se incorpora y baja de la camilla está relajada y se siente estirada, distendida, ligera y renovada.

No son pocas las veces en que el usuario llega a la cabina de masaje con una gran carga de estrés que le ha generado un desequilibrio psicosomático. El nerviosismo y la tensión mantenida en el tiempo anclan al organismo en un estado de alerta permanente que provoca la producción desmedida de algunas hormonas como el cortisol.

Un exceso de cortisol en sangre produce desequilibrios de la glucosa, eleva la tensión arterial, causa pérdida de masa muscular y de densidad ósea, disminuye la respuesta inmunitaria e inhibe la presencia en sangre de otras hormonas como la serotonina y la dopamina.

Toda esta vorágine fisiológica deja al individuo exhausto, cansado, con un organismo inflamado y un sistema músculo esquelético rígido, envarado y dolorido.

Si hay una característica que define y aúna al abanico de terapias manuales y naturales es, sin duda, la voluntad y capacidad de contemplar a la persona como un todo indivisible y conectado donde nada sucede porque sí.

Cuando una parte del organismo adolece de una disfunción, el resto de órganos, sistemas y estructuras no son ajenos a las causas y consecuencias que de ella se derivan.

Anamnesis y exploración visual y física

Por ello es importante la anamnesis y la exploración visual y palpatoria del sujeto. El interrogatorio inicial, aunque sesgado por la subjetividad del parecer del individuo, da a conocer las sensaciones y las percepciones del usuario acerca de lo que le sucede; permite además conocer posibles antecedentes de patologías previas o en curso y a qué causas atribuye la persona su malestar y valorar la escala de dolor.

La exploración física es el proceso que posibilita valorar objetivamente aquello que se ha dicho en la anamnesis.

Las manos del quiromasajista, junto a su experiencia y capacidad de observación, le permiten conocer el estado de los diferentes tejidos y establecer la presencia de asimetrías, zonas tensas o rígidas y puntos de dolor.

También le será posible considerar la conveniencia de complementar la práctica del masaje con otras terapias manuales y naturales para un mejor resultado, y determinar, si cabe, la existencia de causas de exclusión de la terapia de quiromasaje.

De nuevo, el concepto holístico de las terapias beneficia la praxis de cada una de ellas en contraposición al enfoque alopático del tratamiento individualizado y farmacológico de las partes.

Es importante que el profesional goce de un óptimo estado físico y mental para poder ofrecer el mejor cuidado posible a la persona que demanda sus servicios.

Las manos

En su día a día, las manos del quiromasajista están en constante movimiento y preparadas para captar cualquier señal anómala en el tejido tratado que haga necesaria una atención especial o una técnica de masaje determinada.

Para ello, las manos deben estar en perfectas condiciones y, por tanto, es necesario que reciban los cuidados pertinentes de higiene y ejercicio.

Hábitos de higiene

    • Lavado de manos con jabón neutro.
    • Secado exhaustivo para prevenir la aparición de grietas y la sequedad en la piel.
    • Protegerlas del frío en invierno.
    • Uso de guantes al realizar tareas cotidianas (fregar, cuidar las plantas, bricolaje, etc.) para evitar cortes, rozaduras y heridas.
    • Hidratación constante y siempre tras el lavado de las manos.
    • Uso de cremas y lociones no agresivas y de composición natural.

Ejercicios para las manos

    • Extensión de los dedos al máximo, manteniendo y relajando unos segundos, de forma sucesiva.
    • Contracción de los dedos durante unos segundos y posterior relajación.
    • Cierre y apertura de los puños con el pulgar dentro de los dedos.
    • Entrecruce de las manos y rotaciones con estiramiento de los brazos.

Ejercicios para las muñecas

    • Rotación de las muñecas dibujando círculos en ambos sentidos.
    • Sacudidas rápidas de las muñecas.

Ejercicios para los pulgares

    • Rotación de los pulgares en ambos sentidos.
    • Flexión y extensión de los pulgares.

Ejercicios para el resto de los dedos

    • Extensión de los dedos, uno a uno.
    • Extensión conjunta de todos los dedos, aguantar unos segundos.
    • Flexión conjunta de todos los dedos, aguantar unos segundos.
    • Simular tocar el piano en el aire.
    • Hacer rodar una canica o similar entre los dedos, desplazándose entre ellos y arriba y abajo de cada uno.

Con esta tabla de ejercicios se trabaja la precisión, la sensibilidad, la flexibilidad, la coordinación y el fortalecimiento.

Antes y después de cada práctica de masaje, el quiromasajista procederá al lavado y secado de las manos y realizará ejercicios de calentamiento y estiramientos de las manos, según convenga.

Higiene postural

El quiromasajista observa y analiza la postura del usuario y en función de ello, le corrige y le aconseja ser consciente en todo momento para evitar vicios posturales.

Esta divisa debe contemplarla para si mismo durante el ejercicio de la terapia. De esta manera evitará lesiones y llevará a cabo su trabajo de forma más eficiente.

Malas posturas mantenidas en el tiempo puede provocar entre otras afecciones:

    • sobrecargas musculares
    • dolor en las muñecas
    • fatiga
    • lumbalgias
    • tendinitis

Un cuadro de molestias y dolor afecta a la necesaria concentración y capacidad de percepción durante el desarrollo del masaje e impide dispensar la adecuada atención al usuario.

La posición del masajista debe ser distendida, con los hombros relajados, evitando la curvatura excesiva de la espalda y las rodillas ligeramente flexionadas.

La altura de la camilla de masaje debe llegar a la cabeza del fémur.

Para evitar tensiones posturales también es fundamental poder moverse de manera ágil y libre en torno a la camilla para poder trabajar cualquier región anatómica sin forzar la posición.

Es recomendable utilizar camillas hidráulicas y regulables, disponer de ropa y calzado cómodos y contar con elementos accesorios como almohadas o rodillos para facilitar la higiene postural del usuario.

Otros cuidados recomendados

Aunque las manos son el instrumento esencial en el desarrollo de una sesión de quiromasaje, son muchos los grupos musculares que intervienen en su práctica. Por ello es útil mantener una rutina deportiva que incluya estiramientos específicos de la musculatura de los hombros, los brazos y los antebrazos.

El profesional no solo realiza un esfuerzo físico en el desarrollo de su trabajo. La concentración necesaria y el feedback que establece con el usuario tienen su efecto en la psique del quiromasajista, que muchas veces acaba la sesión más mental que físicamente agotado.

La actividad aeróbica – caminar, correr, bailar, etc. – junto a una disciplina de pilates o yoga proporciona un cuidado integral del cuerpo y la mente. Es conveniente practicar ejercicios de relajación y meditación que le permitan desconectar para concentrarse en si mismo y ser consciente de su propio cuidado.

Una alimentación saludable y un descanso adecuado complementarán la óptima disposición del profesional.