Música para Quiromasaje y otras terapias

Para lograr todos los beneficios que aporta una sesión de masaje es importante cuidar el ambiente del lugar en el que se va a desarrollar. La luz, los colores, el aroma que se percibe y la música que se escucha son factores claves para lograr una sinergia cuyo efecto es superior al de cada uno de ellos.

Aunque no siempre es posible trabajar en el entorno ideal, el profesional tiene a su alcance diversas opciones que, más allá de la buena práctica manual, convierten la sesión de masaje en una óptima experiencia sensitiva.

En ocasiones, cuando es el masajista quien acude al domicilio del usuario o a una empresa a realizar una sesión de masaje, no se dispone de la luz o la decoración perfectas para estimular los sentidos.

Aunque hay algo que siempre puede llevar encima: la música.

Actualmente, cualquier pequeño dispositivo puede almacenar horas y horas de música que marcan el ritmo de las manos del profesional y la respuesta sensorial de quien recibe la energía que transmiten.

La música suena y el cerebro baila

La música tiene efectos en la química cerebral. Es el estímulo humano que genera más conexiones neuronales, activando la mayor parte de zonas del cerebro. Debido a ello, las consecuencias benéficas son muchas:

    • sobre el sistema nervioso, relaja la tensión muscular y se logra un mayor trofismo y más oxigenación de los tejidos.
    • regula de forma positiva el nivel de las hormonas relacionadas con el estrés.
    • refuerza la memoria y el aprendizaje al crear continuas conexiones entre las neuronas evoca recuerdos.
    • fortalece el sistema inmunológico. La música está vinculada a un aumento del nivel de inmunoglobulina A (IgA), un anticuerpo relacionado con la inmunidad. Esta asociación es independiente del tipo de música que se escuche.
    • aumenta la producción de dopamina, uno de los neurotransmisores que activan los circuitos de recompensa del cerebro. También está relacionado con el proceso de relajación y es fundamental en la regulación de la conducta.

Cada vez más terapeutas y profesionales del ámbito del cuidado y de la salud se valen del poder de la química musical en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas, procesos de rehabilitación neurológica y gestión del dolor.

Efectos positivos de la música

El resultado de la buena química entre nuestro cerebro y la música se deja notar en el resultado de la práctica del masaje.

Para el quiromasajista

    • El profesional que desarrolla la sesión de terapia acompañado de una melodía adecuada también recibe el aporte de valor que la música supone para los estímulos.
    • La música influye en el ambiente de trabajo ayudando a concentrarse, aumentando la sensibilidad y la creatividad de las maniobras.
    • Muchas veces, la melodía marca la técnica y los ritmos, creando una armonía de movimientos en la que las manos expertas llevan a cabo una coreografía de distintas secuencias que van variando de intensidad.

Para el usuario

    • La música relaja y aporta bienestar a la persona que recibe la terapia. La musculatura se destensa y permite un mayor rango de movilidad.
    • La respiración se regula y se vuelve más profunda.
    • Se reduce la frecuencia cardíaca.
    • La sensación de dolor es menor.

Que tipo de música es la más adecuada

Para la práctica del masaje u otra disciplina terapéutica no valen todos los tipos de música. Indistintamente del gusto musical del terapeuta o del usuario, hay que encontrar la melodía que favorezca el ambiente y el efecto que queremos crear.

En función del tipo de masaje, la música puede tener más o menos ritmo y cadencia.

Las primeras composiciones musicales de los seres humanos fueron exclusivamente rítmicas y las obtenían al golpear elementos naturales.

Cuando el ritmo es bajo, sin quiebros bruscos, se logra una mayor concentración y relajación.

Las pautas ideales para una sesión de terapia son:

    • música pausada, lenta.
    • música instrumental mejor que con letra. Así se evita la inercia de cantar si se conoce la letra.
    • sonidos naturales como el mar, la lluvia o los del bosque ayudan a relajarse.

Importante: controlar la duración del audio para que sea acorde con el tiempo de la sesión de masaje, sin interrupciones ni silencios súbitos que rompan el equilibrio creado.

Beneficios de la música relajante

Escuchar este tipo de música con ritmo lento y con prevalencia de sonidos graves reduce los niveles de estrés y ansiedad. Los latidos del corazón son más regulares y rítmicos y se reduce la tensión arterial.

Se favorece la interconexión entre ambos hemisferios cerebrales y una mejor comunicación neuronal. La música tiene la capacidad de provocar respuestas reflejas en el tronco del encéfalo, una parte del cerebro muy primitiva, encargada del control de funciones automáticas.

El tipo de música marca el ritmo de las neuronas. El cerebro responde a la música activando constantes diferentes.

La música más estimulante aumenta la excitación del sistema simpático y pone al organismo en estado de alerta fisiológica. Se libera adrenalina, se acelera la frecuencia cardíaca, se abren las vías respiratorias para aumentar el oxígeno en sangre y se mantiene el tono muscular. Los tiempos más rápidos son adecuados para actividades deportivas exigentes, marcan el ritmo de trabajo y se reparte la energía de manera más eficiente.

La música relajante imita los sonidos naturales calmantes como las vocalizaciones maternas, los arrullos o el ronroneo, disminuyendo la excitación simpática y dirigiendo al organismo hacia un estado de tranquilidad y conservación.

Hay diversos géneros musicales adecuados para una sesión de masaje. Aunque los más socorridos son las composiciones que se engloban bajo la etiqueta de “música relajante” o “música para terapias”, un jazz suave o una música étnica de corte suave y tiempo lento pueden crear un ambiente especial. Y, por supuesto, siempre podemos recurrir a algunas de las piezas de música clásica.

Ejemplos de música para terapias

“La música es la taquigrafía de la emoción.” (Leon Tolstoi)