Qué es el masaje facial japonés

Kobido es un concepto japonés que se traduce como camino antiguo de la belleza y es el nombre que recibe un tipo de masaje facial. Aunque por su denominación puede hacer creer que se trata de un tratamiento puramente estético, nada más lejos de la realidad.

El masaje facial japonés es una técnica antiquísima que se integra en una visión holística de la salud. Su práctica aporta múltiples beneficios más allá del reflejo de los mismos en el rostro.

Orígen del masaje facial japonés

El masaje facial japonés se origina como parte del masaje anma, practicado en Japón desde hace más de 2700 años en la medicina tradicional japonesa [Kampo (漢方 kanpō)] para sanar y mejorar las enfermedades. Durante cientos de años el anma japonés era practicado por personas invidentes.

Anma es una derivación de la palabra china más antigua para describir el masaje: anmo. El anmo junto a la fitoterapia, la acupuntura y la moxibustión conforman los cuatro puntales de tratamiento. La medicina Kampo se estableció entre los siglos VII y IX, cuando los japoneses desarrollaron su sistema médico y de diagnosis, basado en el estudio de la medicina tradicional china.

A mediados del siglo XV, los samurais del linaje kobido integran en su rutina de cuidados un tratamiento de manipulación facial para relajar la musculatura, calmar la mente y promover la fuerza interior.

Con el paso de los siglos, las emperatrices japonesas adoptan esta práctica para preservar la belleza del rostro. Fue en los años 80 del siglo pasado cuando esta práctica llega a Occidente.

¿En qué consiste el masaje facial japonés?

Esta técnica tradicional consiste en un tratamiento con diversas manipulaciones manuales combinadas que incluyen amasamientos del rostro, frotaciones muy rápidas y sutiles, vibraciones faciales y cervicales, y digitopuntura. A nivel estético resulta ser un método realmente efectivo:

    • activa la hidratación natural de la piel.
    • redefine el óvalo facial.
    • atenúa las arrugas.
    • drena y reduce la inflamación.

Este masaje va siempre unido al mantenimiento de la salud y su aplicación es válida para prevenir y mejorar:

    • dolores de cabeza y migrañas.
    • dolores faciales.
    • bruxismo.
    • parálisis faciales.
    • cefaleas tensionales.
    • neuralgia del trigémino.
    • sinusitis.

Técnicas y efectos del masaje facial japonés

Con el paso del tiempo se producen cambios en la estructura de las capas de la piel del rostro. Durante las etapas de la niñez y la juventud se observa una cara más redondeada debido a la distribución homogénea de la grasa facial.

A lo largo de la edad adulta, el tejido graso se reduce y conlleva una pérdida de volumen y densidad. Se produce una distensión de la musculatura y una retracción de los tejidos conectivos que pierden su estructura fibrosa y la capacidad de retener el agua.

Se reduce el desarrollo de los vasos sanguíneos de la dermis, disminuyendo el flujo de sangre y provocando una falta de nutrientes que causa pérdida de densidad y de firmeza.

A los efectos de la edad se suman los efectos del estilo de vida: el estrés o una nutrición deficiente también contribuyen a dar al rostro un aspecto apagado y tensionado.

La técnica combinada de drenaje, masaje, digitopresión y Shiatsu logra:

    • reparar el tejido facial, facilitando una mejor circulación sanguínea que aumenta la oxigenación y la nutrición de las células de la piel.
    • eliminar la tensión en los músculos faciales y cervicales y tonificarlos.
    • estimular la producción de colágeno y elastina.
    • un efecto drenante en los tejidos estimulando la circulación linfática y eliminando líquidos y toxinas.

A nivel cervical, se practican técnicas de Shiatsu, movilizaciones, estiramientos y amasamientos que logran una descompresión muscular, una mayor movilidad y una disminución de la rigidez.

Kobido: más que un masaje facial

El masaje facial japonés tiene un efecto neurosedante que actúa sobre el sistema nervioso. Alivia las tensiones, libera la musculatura y relaja el cuerpo y la mente.

También es un masaje relajante para el masajista. Concentrada la mente en el momento y la situación, los dedos del profesional van variando la técnica y la velocidad casi sin pensar, dejándose guiar por la intuición.

En la medicina oriental, el masaje es una parte esencial de los tratamientos para lograr mantener o restablecer la salud al preservar el constante flujo de energía y estimular la capacidad curativa del organismo.