Hoy por hoy se tiende a emplear los términos masaje o quiromasaje indistintamente, aludiendo a que su significado es el mismo.

En términos generales, o dicho de forma superficial, podríamos decir que sí, pero si profundizamos un poco en el tema, podríamos decir “que es igual, pero no es lo mismo“.

Cuando decimos masaje o masajista, nos referimos en términos generales a todo lo que sea “masajear” sin distinguir entre forma, aplicación o método.

El término Quiromasaje nace en España, concretamente en Barcelona, en el año 1920. Fue el Dr. Vicente Lino Ferrándiz García quien tras unos años de estudio, regresó a España con unas técnicas que introdujo con la denominación de Quiromasaje.

Esto es, masaje manual, sin auxilio de aparatos mecánicos, práctica que requiere una extraordinaria agilidad de las manos, conjuntamente con un conocimiento completo de la anatomía y fisiología del organismo humano, de modo que el operador actúe de una manera fundamentalmente científica, y no rutinaria, como proceden la mayoría de los masajistas.

El Quiromasaje inicia una nueva era en las aplicaciones terapéuticas del masaje, es decir, da una nueva y científica orientación a la masoterapia.

Tras unos años, cosechando éxitos en su trabajo, en el año 1933 funda la Escuela Española de Quiromasaje, aprobada por el Ministerio de educación nacional – comisaría de extensión cultural, con el nº 109.

El Dr. Ferrándiz, quiso dar un nombre propio para diferenciar al masajista, que en aquel entonces la mayoría lo eran de forma didáctica, pues no había ninguna escuela. Así que, al darle el nombre de Quiromasajista, quería dar a entender al público en general que era una persona que había estudiado “masaje” en una escuela y que tenía conocimientos de anatomía y fisiología, lo que le daba un aire más profesional, diferenciándolo del resto de masajistas de la época.